EL HOMBRE Y LA VIDA NIETZSCHE
“La vida es un instinto de desarrollo, de supervivencia, de acumulación de fuerzas, de poder.”
Friedrich Wilhelm Nietzsche fue un filósofo y filólogo alemán nacido en la ciudad de Röcken el 15 de octubre de 1844 y fallecido en la ciudad de Weimar el 25 de agosto de 1900 a los 55 años. Es considerado uno de los pensadores más influyentes de los últimos tiempos dando origen a varias líneas de pensamiento posteriores.
Su pensamiento se caracteriza por la crítica, en algunos casos despiadada, de la cultura y el pensamiento reinante en su época. Su frase más conocida es la que pronuncia uno de sus personajes en “Así habló Zaratustra” y “La gaya ciencia”, a saber, ‘Dios ha muerto’. A partir de esta sentencia Nietzsche caracteriza de manera profunda y exacta la realidad del pensamiento occidental moderno y determina su filosofía. Donde no hay dios, no hay sentido ya que con la divinidad ha muerto la razón y junto con ella el sentido. Muchas son las obras de este pensador. Entre las más conocidas podemos nombrar, además de las antes mencionadas: “El ocaso de los ídolos”; “El anticristo”; “Sobre la verdad y la mentira en sentido extramoral”; “Humano demasiado humano”; “La genealogía de la moral”; “Más allá del bien y del mal”; y “Ecce homo”.
La idea central del pensamiento de Nietzsche es la vida. Esta es comprendida en función de un sentido objetivo trascendente aunque, en realidad, la vida, según este pensador, es sinsentido, es nihilismo. La vida ha de ser comprendida como eterno retorno de lo mismo, como voluntad de poder, como momento del ultrahombre o superhombre, como transvaloración de los valores. El hombre necesita dar sentido a la vida creando valores. Si dios ha muerto entonces no hay verdad, ni fundamento, ni sentido, ni moral ni libertad, ni razón. Solo hay nihilismo.
La metafísica afirmaba la realidad de un mundo suprasensible. Ahora bien, la muerte de dios significa que el mundo y la creencia metafísica se han desmoronado y que la filosofía occidental entendida idealistamente ha llegado a su fin. Significa además que no hay orden ni finalidad sino caos, obligando al hombre a convertirse en dios. La muerte de dios es el paso previo y necesario para instaurar una nueva moral, una moral del hombre fuerte que no conoce normas y prohibiciones. Es necesaria la negación de dios para…
...afirmar el poderío del hombre ya que, si hay dios, el hombre no podría ocupar su lugar, y por lo tanto ser creador. Dios es un rival para el hombre moderno. En última instancia el hombre niega a dios porque quiere ser como él. Pero no puede ser dios por lo que buscará ser un hombre nuevo, un superhombre.
...afirmar el poderío del hombre ya que, si hay dios, el hombre no podría ocupar su lugar, y por lo tanto ser creador. Dios es un rival para el hombre moderno. En última instancia el hombre niega a dios porque quiere ser como él. Pero no puede ser dios por lo que buscará ser un hombre nuevo, un superhombre.
El nihilismo consiste en la desvalorización de todos los valores, en la ausencia de fundamento, origen y fin de toda realidad, en un sinsentido absoluto. Luego de la negación de la realidad trascendente solo queda la afirmación de este mundo, espacio y tiempo del devenir y de la vida.
Dijimos antes que la vida es comprendida por Nietzsche como eterno retorno de lo mismo. El tiempo, al igual que los antiguos griegos, será comprendido por este filósofo como circularidad de pasado, presente y futuro que se enlazan entre sí. Todo lo que puede suceder tiene que suceder y ya ha sucedido. Ahora bien, si todo retorna, todo es vano y por consiguiente sinsentido. Si es circular el fin coincide con el principio. De esta forma el ser es necesario y la necesidad reside, justamente, en el devenir. La vida será entonces un devenir necesario y sin sentido determinado por la necesidad del mundo natural.
El superhombre será aquel sujeto que se haga cargo de este nihilismo y lo supere. Aquel que se sobreponga a dios y a su muerte ocupando su lugar. Aquel que no encuentre nada imposible. Pero no será un individuo ni un grupo sino un estado nuevo de la humanidad toda. Dirá sí a la vida, no despreciará el cuerpo sino que cultivará los sentidos, no amará al prójimo sino al amigo, será libre de todo mandato externo, se dará a sí mismo el bien y el mal, e impondrá su propia voluntad como ley sobre sí mismo. Así el hombre habrá superado la muerte de dios pero no la nada ya que seguirá sin tener ideales y metas sin atreverse a nada, sin querer nada, viviendo sin valores ni anhelos ni esperanzas, viviendo el día a día.
La voluntad de poder es la esencia oculta de todo lo real. Habíamos dicho que la vida es también voluntad de poder, siendo la voluntad autoafirmación. Únicamente donde hay vida hay voluntad de poder, fuerza. El mundo es una combinación de fuerzas que luchan por el poder, unas dominando y otras siendo dominadas, pero todas queriendo poder.La vida es invaluable porque es la medida de todo valor. El valor radica en un punto de vista sobre las condiciones de conservación y aumento en lo relativo a la duración de la propia vida dentro del devenir. Queda claro entonces que los valores son relativos a la vida siendo formaciones o productos de la voluntad de poder.
el idealismo :

El idealismo es la familia de teorías filosóficas que afirman la primacía de las ideas o incluso su existencia independiente. Un sinónimo es el inmaterialismo. El materialismo rechaza el idealismo. El idealismo es precisamente antagónico al realismo pues hay filosofías idealistas (idealismo objetivo) que postulan una existencia de objetos abstractos independientes del observador.
El idealismo supone que los objetos no pueden tener existencia sin que haya una mente que esté consciente de ellos. Para poder conocer las cosas, se debe tomar en cuenta la conciencia, las ideas, el sujeto y el pensamiento. Platón, Berkeley y Kant son algunos de sus representantes.
Idealismo objetivo
El idealismo objetivo dice que las ideas existen por sí mismas y que sólo podemos aprenderlas o descubrirlas mediante la experiencia. Para el idealista objetivo los demás son ideas sin cuerpo material. Algunos representantes del idealismo objetivo son Leibniz, Hegel, Bernard Bolzano, Dilthey.
Idealismo subjetivo
El idealismo subjetivo sostiene que las ideas sólo existen en la mente del sujeto: que no existe un mundo externo autónomo. Para el idealista subjetivo los demás son ideas que sólo existen en su propia mente. Representantes del idealismo subjetivo son: Descartes, Berkeley, Kant, Fichte, Mach, Cassirer y Collingwood.
La principal característica del idealismo subjetivo es que todo gira alrededor del sujeto cognoscente (ser pensante que realiza el acto del conocimiento). Y existen, a su vez, dos variantes. La versión radical sostiene que el sujeto construye el mundo: no existen cosas por sí mismas sino que sólo existen cosas para nosotros (constructivismo ontológico). Según esta concepción, la naturaleza no tiene existencia independiente. En cambio, la versión moderada «afirma que las cosas son del color del cristal con que se miran».
La ciencia y la tecnología no interfieren en el idealismo, pues ambas dependen sobre todo de la percepción del mundo exterior para modificarlo conforme al conocimiento. Donde la percepción en sí, no es ninguna temática contraria al idealismo.
El simple aserto de que las ideas son importantes no lo califica de idealista. Casi todos los materialistas y realistas admiten la existencia e importancia de las ideas, solamente niegan su autoexistencia.
“La reacción individualista al idealismo alemán”
Una aportación del idealismo alemán aplicable a nuestros días es:
«La clase de filosofía que se elige depende de la clase de hombre que se es».
Tomando en cuenta esta frase se puede pensar que solo es aplicable a los seres humanos en edad adulta y es quizá, porque hasta entonces se adquiere una filosofía de vida, lo que quizá se ha pasado por alto desde hace muchos años, es el hecho de que los mayores son un ejemplo para las nuevas generaciones por lo cual es importante que la manera de dirigirse en la sociedad sea un ejemplo de la filosofía que estos puedan replicar en la búsqueda de una sociedad productiva y humanista.
que es el positivismo :
El positivismo es un pensamiento filosófico que afirma que el conocimiento auténtico es el conocimiento científico y que tal conocimiento solamente puede surgir de la afirmación de las hipótesis a través del método científico. El positivismo se deriva de la epistemología que surge en Francia a inicios del siglo XIX de la mano del pensador francés Saint-Simon, de Auguste Comte, y del británico John Stuart Mill y se extiende y desarrolla por el resto de Europa en la segunda mitad del siglo XIX. Uno de sus principales precursores en los siglos XVI y XVII fue el filósofo, político, abogado, escritor y canciller de Inglaterra Francis Bacon.
Esta epistemología surge como manera de legitimar el estudio científico naturalista del ser humano, tanto individual como colectivamente. Según distintas versiones, la necesidad de estudiar científicamente al ser humano nace debido a la experiencia sin parangón que fue la Revolución francesa, que obligó por primera vez a ver a la sociedad y al individuo como objetos de estudio científico
Características
Estas corrientes tienen como características diferenciadoras la defensa de un monismo metodológico (teoría que afirma que hay un solo método aplicable en todas las ciencias). La explicación científica ha de tener la misma forma en cualquier ciencia si se aspira a ser ciencia, específicamente el método de estudio de las ciencias físico-naturales. A su vez, el objetivo del conocimiento para el positivismo es explicar causalmente los fenómenos por medio de leyes generales y universales, lo que le lleva a considerar a la razón como medio para otros fines (razón instrumental). La forma que tiene de conocer es inductiva, despreciando la creación de teorías a partir de principios que no han sido percibidos objetivamente. En metodología histórica, el positivismo prima fundamentalmente las pruebas documentadas, minusvalorando las interpretaciones generales, por lo que los trabajos de esta naturaleza suelen tener excesiva acumulación documental y escasa síntesis interpretativa.
Auguste Comte formuló a mediados del siglo XIX la idea de la creación de la sociología como ciencia que tiene a la sociedad como su objeto de estudio. La sociología sería un conocimiento libre de todas las relaciones con la filosofía y basada en datos empíricos en igual medida que las ciencias naturales. Una de sus propuestas más destacadas es la de la investigación empírica para la comprensión de los fenómenos sociales, de la estructura y el cambio social (razón por la que se le considera padre de la sociología como disciplina científica). Comte presenta a la historia humana en tres fases:
- Fase teológica o mágica: corresponde a la infancia de la humanidad; en esta época las personas dan explicaciones mágicas de los fenómenos naturales, utilizan categorías antropológicas para comprender el mundo y técnicas mágicaspara dominarlo. También creen que ciertos fenómenos son causados por seres sobrenaturales o dioses.
- Fase metafísica o filosófica: en este estadio el hombre deja de creer en seres sobrenaturales y ahora comienza a creer en ideas. Por lo que las explicaciones son racionales, se busca el porqué de las cosas, y se sustituye a los dioses por entidades abstractas y términos metafísicos.
- Fase científica o positiva: es la definitiva. En esta etapa, según Comte la mente humana renuncia a la búsqueda de ideas absolutas y en vez de esto, ahora se dedica a estudiar las leyes de los fenómenos. El conocimiento se basa en la observación y la experimentación, y se expresa con el recurso de la matemática. Se busca el conocimiento de las Leyes de la Naturaleza para su dominio técnico.
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LA VOLUNTAD COMO FUNDAMENTO EN SCHOPENHAUER
1.- La Voluntad como esencia de los fenómenos
1.- El artífice principal de la voluntad como principio y fundamento último de la realidad en la filosofía moderna, llevándolo a su máxima radicalidad, ha sido Schopenhauer, hasta tal punto, que a partir de él se ha producido una verdadera inversión en la filosofía occidental. Así lo ha visto Ruiz-Werner: “Un componente de particular influencia en la filosofía de Schopenhauer es su insistencia sobre el primado de la voluntad en oposición a la razón. Aquí hay un viraje radical en relación con la tendencia predominante en la cultura occidental, que desde los griegos había tenido un marcado matiz intelectualista. A lo largo de la historia hubo sin duda intentos de recalcar el factor de la voluntad a expensas del conocimiento, pero hasta Schopenhauer no se había afirmado de manera clara y taxativa la supremacía absoluta de la voluntad en el plano metafísico” Schopenhauer fue consciente de las consecuencias que su planteamiento produjo en el pensamiento de la filosofía occidental, al afirmar con su habitual presunción: “Yo soy el primero que he reivindicado para la voluntad la primacía que le pertenece, transformando así todo el dominio de la filosofía” .
En su más conocida obra El Mundo como Voluntad y Representación, aparecen numerosos comentarios en los que se hace explícita su interpretación de la voluntad como aquella “cosa en sí” que se constituye como el fundamento y la esencia metafísica de la realidad: “La voluntad es el fondo en sí de la naturaleza fenomenal… enseño que la voluntad es la esencia íntima de todas las cosas y la llamo la cosa “en sí… la voluntad como cosa en sí no es su causa sino la esencia misma de las cosas” .
Schopenhauer considera que hasta el advenimiento de su filosofía, mediante la cual ha sido capaz de mostrar a la voluntad como la esencia misma de las cosas, no se había tenido conocimiento de que todas las energías y fuerzas activas que configuran la multiplicidad de fenómenos objetivos que se manifiestan en la naturaleza, están sujetas bajo el exclusivo género de esta originaria voluntad universal: “Hasta ahora no se había reconocido que la esencia de toda energía latente o activa en la naturaleza, era idéntica a la voluntad, y se consideraban heterogéneos los diferentes fenómenos que no son sino las especies de un género único” y más adelante escribe: “Es una sola y única voluntad la que se objetiva en el mundo entero” La voluntad como realidad originaria y última, es la esencia de todas las cosas percibidas en el mundo de los seres sensibles. Pera estas heterogéneas representaciones epifenoménicas que se manifiestan en la naturaleza, no son sino simples apariencias empíricas de esta única voluntad, que se oculta detrás de la pluralidad de estas manifestaciones. El mundo de las objetivaciones perceptivas no es nada más, que la superficie externa que al modo del “velo de Maya”, según la metáfora de procedencia budista, usada por Schopenhauer, encubre la verdadera esencia de la voluntad como único fundamento de la totalidad. Estamos, sin duda, en una nueva rememoración del pensamiento de Parménides en versión esencialista. En Fragmentos de Historia de la Filosofía, escribe con su característica sobreautoestimación: “Yo he demostrado que lo verdaderamente real, o la cosa en sí, que es la única que tiene una existencia verdadera, independiente de la representación y de sus formas en la voluntad… La forma del fenómeno reviste y oculta en todas partes la esencia de las cosas en sí” ).
La intuición de la voluntad mediante la conciencia
Schopenhauer no tendrá inconveniente en desvelarnos en esta misma obra, que “la doctrina de Kant me abrió el camino para la solución del mundo en voluntad y representación” . Influencia kantiana que explica, entre otras cosas, su apercibimiento de que el mundo, la realidad externa, esta constituida por un conjunto de sensaciones confusas y caóticas dadas en mi percepción, y la cuestión filosófica fundamental consiste en buscar lo que hay detrás o más allá de ese haz de sensaciones. Búsqueda de un principio trascendente al mundo fenoménico, constituido por realidades “en sí”, del que también se deduce su equivalencia con el “en sí” o “noúmeno” kantiano, como oculto y verdadero fundamento de los elementos sensibles. El mismo Nietzsche nos recordará que “Schopenhauer no se libró del sortilegio del pensamiento kantiano”
No obstante, la voluntad como realidad “en sí”, no es del todo incognoscible como ocurre con el “nóumeno” kantiano, y aunque no podemos acceder a ella mediante la percepción sensible, sí que los individuos conscientes de su ser, pueden acceder de forma graduada y parcial a su conocimiento, mediante una esforzada “autognosis” o intuición del “yo”, que nos introduce en lo más hondo de nuestra conciencia, lugar privilegiado para recibir la iluminante claridad que desvanece las barreras delimitadoras y aparentes de los fenómenos y nos permite acceder a la realidad misma de la voluntad como lo “en sí” de todo lo existente.
Esta profunda vivencia subjetiva de nuestra corporalidad consciente, inserta en la naturaleza, es, la que nos faculta el paso del mundo de las cosas sensibles y contingentes, a la realidad de la Voluntad, mediante el desvelamiento del “velo encubridor” que oculta este fondo originario. Este conocimiento parcial de la esencia de la Voluntad como cosa “en sí”, se incrementará en función de la profundidad de la “autognosis”, para ser capaces de rebasar en diversos grados, los límites cognoscitivos demarcados por el “noumeno” kantiano: En El Mundo como Voluntad y Representación, escribe: “Con el menor número de velos, la voluntad como cosa en sí se nos presenta en el seno de la conciencia” . Y en prosigue en páginas posteriores: “Yo he devuelto así a la esencia que descubrimos en nuestra conciencia personal como la voluntad, y he vuelto así a la fuente subjetiva del conocimiento"
El Hombre Como Realidad Personal
Tradicionalmente se ha distinguido entre ‘naturaleza’ y ‘persona’, sobre todo en el cristianismo antiguo, en las disputas trinitarias y cristológicas. La persona fue definida por Boecio en términos de ‘substancia’, como un tipo o modo de ‘naturaleza’: una “substancia individual de naturaleza racional”. Boecio recogió una larga tradición cristiana; pero, a la vez, significó un cierto retorno a planteamientos ‘naturalistas’ de la filosofía griega. Desde Tertuliano, pasando por Agustín y los Padres Griegos, hasta finales del siglo IV, el concepto cristiano de persona tuvo una larga y compleja evolución. El planteamiento cristiano del hombre en términos ‘personalistas’ significó, sin duda, un gran aporte para la cultura occidental. La teología orientó gran parte de su reflexión, sobre el tema de la persona, en función del problema cristológico de las dos naturalezas (humana y divina) y una sola persona en Cristo. Es la cristología tradicional la que ha influido decisivamente a lo largo de los siglos, al menos en los pensadores cristianos, en la reflexión sobre el tema de la persona humana, manteniendo la distinción entre ‘naturaleza’ y ‘persona’ en un mismo individuo humano, lo cual plantea complejas cuestiones.(Cf., Castillo S. Javier: La persona en Xavier Zubiri. Personeidad y Personalidad. Salamanca, UPSA, 2000).
En el concepto de persona humana debemos distinguir dos aspectos o dimensiones: una constitutiva y otra operativa. Según la primera, somos personas constitutivamente por el solo hecho de ser realidad humana inteligente, independientemente de lo que hagamos o dejemos de hacer en el decurso de nuestra vida, a esta dimensión apunta la definición de Boecio; pero, según la segunda dimensión, la persona no es algo estático sino que se va haciendo dinámicamente a lo largo de toda la vida, realizando nuestros actos, apropiándonos de posibilidades; este segundo sentido es muy cercano al concepto de “personalidad”, no en términos psicológicos sino metafísicos. Es fundamental distinguir entre estos dos sentidos del concepto de persona, a fin de evitar caer en equívocos. Se es siempre “el mismo” (dimensión constitutiva) pero no siempre “lo mismo” (personalidad).
El Personalismo de Emmanuel Mounier
MOUNIER Y LA REVOLUCIÓN PERSONAL Y COMUNITARIA
Emmanuel Mounier, quien vivió durante la primera mitad del siglo pasado (1905-1950), ha aportado desde un modo de pensar y vivir lo que se denomina pensamiento personalista comunitario. Y en 1935 decía que estaba “en los primeros combates: guerra al capitalismo, al espíritu burgués, a la proletarización, al imperialismo espiritual de los Estados y de los técnicos, a la divinización de las fuerzas productoras…”. Y agregaba: “Los motivos para rechazar el orden establecido,…no son solamente materiales, económicos…nuestros motivos son en principio morales y espirituales. Es en nombre de la dignidad y de las aspiraciones esenciales de la persona humana por lo que rechazamos el orden actual y por lo que trabajamos para instaurar otro”.
Se impuso él mismo, además, “el deber de precisar una crítica unánime…para un renacimiento y poner los cimientos comunes de una ciudad en la que cada morada pueda elevarse en condiciones mínimas de libertad y orden”.
Confiaba en un humanismo personalista que “no debía ignorar la diversidad de creencias, parciales o totales, sobre el universo y el hombre y…que estas creencias encontraran hombres que más adelante sean capaces de comprometerse en libertad”.
Esperaba “de todo progreso material que sea la base y la condición necesaria, pero de ninguna manera la condición suficiente, de una vida más humana, y nunca su plenitud o su alimento”. Pensaba que: “Una revolución por la abundancia, el confort y la seguridad, si sus móviles no son más profundos, conduce, después de las fiebres de la revuelta, de manera más segura a una generalización execrable ideal pequeño-burgués que a una auténtica liberación espiritual…Es en este sentido que denunciamos un humanismo del confort y de la abundancia material, y no en nombre de un ascetismo sistemático que, por establecer una norma colectiva, sería puramente exterior y sin valor formativo. Cuando afirmamos que el hombre se salvará por la pobreza, no queremos perpetuar hipócritamente la miseria, la degradante miseria. Queremos solamente decir que, una vez vencida la miseria, cada uno debe estar libre de ataduras y de tranquilidad: a cada uno le corresponde conocer sus fuerzas y su medida…no contraponemos revolución espiritual a revolución material fecunda que no esté enraizada y orientada espiritualmente…el trabajo revolucionario es mostrarle, en principio, que el fin último de esta rebelión es la aceptación de una responsabilidad y la voluntad de una superación,…y también el de educar desde ahora en una acción responsable y libre”.
Recordaba que: “la experiencia vuelve al mismo sitio: ni el poder, ni la razón raciocinante satisfacen la vocación del hombre; una distracción nueva, una civilización que pasa, la decadencia puesta al día y las cadenas siguen intactas…cuando una filosofía “parte del cartesianismo y pasa por la Enciclopedia, el positivismo y la Sorbona, se alinea en el camino central de la filosofía burguesa…”
Mounier no toleró la vida indiferente y despersonalizante de la Sorbona, siempre pensó y actuó coherentemente. Decía que: “La vocación del hombre es la de ser una persona en situación de comprometerse libre y responsablemente y capaz de vivir una vida espiritual”5. Desde el Movimiento Esprit que fundara con otros pensadores personalistas comunitarios escribía: “Nosotros queremos personas suficientemente concientes de su vocación para que resistan cualquier tentación de amaestramiento. Queremos personas morales”.
Entonces, creemos que vale mencionar aquí lo esencial del personalismo comunitario, a modo de resumen.
1. La persona, realidad relacional.
a) El encuentro: la relación es entre un yo y un tú; “la relación es un entre, un diálogo…el yo y el tú se constituyen a partir del ‘entre nosotros’ primordiaL. Dice M. Buber: “Yo llego a ser yo en el tú; al llegar a ser yo, digo tú”8. Es en este encuentro entre un yo y un tú, en esta relación, que el ser humano se personaliza, se hace persona y nace el “nosotros” comunitario.
b) El des-encuentro: es la alteración de esa relación yo-tú, es el desamor, la incomunicación o su alteración. Sin el tú relacional de la reciprocidad no queda nada ni nadie, la persona se impersonaliza o despersonaliza. Es la locura, el desatino, la ausencia de vida.
2. La persona, en la perspectiva de Mounier.
Para Mounier “una persona es un ser espiritual constituido como tal por una forma de subsistencia y de independencia en su ser; mantiene esa subsistencia e independencia mediante su adhesión a una jerarquía de valores libremente adoptados, asimilados y vividos en un compromiso responsable y en una constante conversión; unifica así toda su actividad en libertad y desarrolla por añadidura, a impulsos de actos creadores, la singularidad d su vocación”.
Ser espiritual.
Ontología
La ontología (del griego οντος 'del ente', genitivo del participio del verbo εἰμί 'ser, estar'; y λóγος 'ciencia, estudio, teoría') es una rama de la metafísica que estudia lo que hay Intenta responder preguntas generales como: ¿Qué es la materia? ¿Qué es un proceso? ¿Qué es el espacio-tiempo? ¿Hay propiedades emergentes? ¿Se ajustan todos los eventos a alguna(s) ley(es)? ¿Hay especies naturales? ¿Qué hace real a un objeto? ¿Hay causas finales? ¿Es real el azar?
Muchas preguntas tradicionales de la filosofía pueden ser entendidas como preguntas de ontología:¿Dios existe? ¿Existen entidades mentales, como ideas y pensamientos? ¿Existen entidades abstractas, como los números? ¿Existen los universales?
Además, la ontología estudia la manera en que se relacionan las entidades que existen. Por ejemplo, la relación entre un universal (rojo) y un particular que "lo tiene" (esta manzana), o la relación entre un acto (Sócrates bebió la cicuta) y sus participantes (Sócrates y la cicuta).
LA METAFÍSICA :
La metafísica (del latín metaphysica, y este del griego μετὰ [τὰ] φυσικά, «más allá de [los] físicos») es la rama de la filosofía que estudia la naturaleza, estructura, componentes y principios fundamentales de la realidad. Esto incluye la clarificación e investigación de algunas de las nociones fundamentales con las que entendemos el mundo, como ser, entidad, existencia, objeto, propiedad, relación, causalidad, tiempo y espacio.
Antes del advenimiento de la ciencia moderna, muchos de los problemas que hoy pertenecen a las ciencias naturales eran estudiados por la metafísica bajo el título de filosofía natural. Hoy la metafísica estudia aspectos de la realidad que son inaccesibles a la investigación empírica. Según Immanuel Kant, las afirmaciones metafísicas son juicios sintéticos a priori, que por principio escapan a toda experiencia sensible.
Aristóteles designó la metafísica como «primera filosofía». En la química se asume la existencia de la materia y en la biología la existencia de la vida, pero ninguna de las dos ciencias define la materia o la vida; solo la metafísica suministra estas definiciones básicas.
La ontología es la parte de la metafísica que se ocupa de investigar qué entidades existen y cuáles no, más allá de las apariencias. La metafísica tiene dos temas principales: el primero es la ontología, que en palabras de Aristóteles viene a ser la ciencia que estudia el ser en cuanto tal. El segundo es la teología, que estudia los fines como causa última de la realidad. Existe, sin embargo, un debate que sigue aún hoy sobre la definición del objeto de estudio de la metafísica, y sobre si sus enunciados tienen propiedades cognitivas.
LA BÚSQUEDA DEL ARJÉ
Arché (también arqué, arkhé o arjé; del griego ἀρχή, "fuente", "principio" u "origen") es un concepto fundamental en la filosofía de la antigua Grecia que significaba el comienzo del universo o el primer elemento de todas las cosas (εξ’ ἀρχής : del principio, ο εξ’ ἀρχής λόγος: la razón primordial, originaria). El filósofo griego Aristóteles destacó el significado de arjé como aquello que no necesita de ninguna otra cosa para existir, solo de sí mismo, es decir, como el elemento o principio de una cosa que, a pesar de ser indemostrable e intangible en sí misma, ofrece las condiciones de posibilidad de esa cosa
Tales de Mileto (624 a.C) argumentaba que el arché era el agua. Esta, quizás, fue la primera explicación significativa del mundo físico. Tales de Mileto fundó la llamada Escuela de Mileto, a la cual también pertenecieron filósofos como Anaximandro (610 a.C), que sostenía que el arché era el Ápeiron (lo indeterminado, aquello que carece de límites); y Anaxímenes (590 a.C), que consideraba que lo era el aire o la niebla; fluidos por excelencia. Posteriormente surgió de manos de Pitágoras (569 a.C) la escuela pitagórica, caracterizada por la identificación del arché con los números. Hay que considerar que la escuela pitagórica no consideraba al número como algo abstracto (concepción actual), sino que lo veían como algo real. Lo consideraban la más real de las cosas y precisamente por esto lo concebían como el principio constitutivo de las cosas. Heráclito (535 a.C) volvió a preferir los elementos naturales, proponiendo el fuego como arché por su naturaleza dinámica. Sin embargo, para él el principio originario era el logos, la palabra, y era solo comparable al fuego puesto que el fuego es para él una analogía del logos, ya que el fuego "con mesura se enciende y con mesura se apaga" así como el logos, (con mesura) da a cada uno su parte del logo |

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